¿Modificará el nuevo gobierno la postura actual frente a los transgénicos?

por María Isabel Cárcamo

Durante el gobierno del presidente Batlle se introdujeron dos nuevos cultivos transgénicos: el maíz Bt Mon 810 y el maíz Bt11. La introducción de los cultivos transgénicos ha sido otro elemento que afecta la imagen de Uruguay como “País Natural” y que hace peligrar mercados ganados por el país basados en la producción natural.

La soja transgénica se introdujo por primera vez en 1999, con graves carencias en materia de consultas y evaluación de riesgos. Desde su introducción se puede observar el aumento sustancial que ha tenido el cultivo de la soja: en 1999 la primera cosecha fue de casi 9.000 hectáreas sembradas y la de 2003-2004 llegó a 260.000 hectáreas.

La soja RR viene acompañada de un paquete tecnológico que incluye agrotóxicos tales como el glifosato, endusulfán y cipermetrina. También se ha aplicado Tordon (2,4,5-T), herbicida que fue utilizado en combinación con el 2,4 D para constituir el famoso “agente naranja” utilizado en la guerra de Vietnam. El 2,4,5-T se encuentra dentro de la lista de la llamada “Docena sucia”, que agrupa a doce agrotóxicos extremadamente peligrosos. Otro agrotóxico que se ha estado utilizando es el dodecacloro (mirex), para combatir la hormiga cortadora. El mirex se encuentra dentro del grupo de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs), que son sustancias químicas tóxicas, contaminantes, orgánicas, persistentes, bioacumulables, que pueden viajar a grandes distancias, y que por lo tanto tienen graves impactos sobre la salud humana y el ambiente.

Es decir, que el cultivo de la soja RR ha aumentado sustancialmente el uso de agrotóxicos, que es exactamente lo contrario al argumento utilizado por quienes promueven la tecnología de los cultivos transgénicos.

En ese contexto, se sigue autorizando el ingreso de nuevos cultivos transgénicos, que también implicarán el uso de agrotóxicos. El año pasado se sembraron 1000 hectáreas de maíz MON 810 y este año se aprobó la introducción del maíz Bt11, con lo que seguramente aumentará el área sembrada con transgénicos.

Por parte del gobierno se ha hablado de la reactivación de la economía en el sector agropecuario básicamente basado en el cultivo de la soja, sin hacer una evaluación de cuanto esto realmente ha significado y sin mencionar para cual sector económico ha sido la ganancia, ni menos aún hacer una evaluación a nivel de impactos sociales ni ambientales.

Si bien gran parte de la soja producida se destina a la exportación hacia países donde se la utiliza para alimentar ganado vacuno, porcino y avícola, no es menos cierto que ya la estamos consumiendo en nuestro país en forma de lecitina de soja. También se pretende modificar nuestros hábitos alimentarios, tratando de convencernos de las supuestas bondades de la mal llamada “leche de soja” y de las milanesas de soja, para reemplazar a la leche de vaca y a la carne vacuna. Y tampoco se toma en cuenta los efectos adversos que ésta puede causar cuando niños pequeños son alimentados con soja como sustituto de proteínas animales.

Vale la pena mencionar que los uruguayos no son consumidores de soja, y que de alguna manera se está engañando al consumidor al decir que se trata de "soja" ya que el nombre que se le debería de dar es “transoja”, por ser una semilla transgénica a la que se ha incorporado la tolerancia al herbicida glifosato. Lo mismo pasa con el "maíz" transgénico, que se debería comercializar como “transmaíz”. De esa manera los consumidores al menos podrían saber a que atenerse y tener la posibilidad de elegir.

Además de los impactos sobre la salud y el medio ambiente, los cultivos transgénicos impactan sobre el derecho a controlar y decidir sobre lo que se quiere producir y consumir. Siendo la semilla el punto de partida, al ser ésta transgénica se convierte en propiedad exclusiva de las empresas que la producen. De esta manera se pone al agricultor en una posición muy débil frente a una tecnología que no puede controlar. Su producción queda en manos de empresas transnacionales, que controlan la tecnología y los insumos (agroquímicos y semillas), sujetos a derechos de propiedad intelectual.

Tanto o más grave aún es el hecho de que a los consumidores se les obliga –por desconocimiento- a consumir alimentos transgénicos, es decir, a ingerir sustancias nuevas que no han conformado jamás parte de la dieta humana, con efectos impredecibles.

¿Podemos esperar del nuevo gobierno un cambio de actitud frente a la introducción de nuevos cultivos transgénicos?

Sectores de la izquierda representados por el diputado Gustavo Guarino el año pasado interpelaron al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca por la autorización del maíz transgénico MON 810 y el senador Nin Novoa (futuro vicepresidente de la República) planteó el tema en la Cámara de Senadores.

¿Apoyará el nuevo gobierno a los productores y consumidores que han decidido decir No a los cultivos transgénicos?

Uruguay tiene una producción agropecuaria que alcanza y sobra para alimentar a la totalidad de su población. El hambre y la desnutrición en nuestro país no es el resultado de la carencia de alimentos, sino de una injusta distribución de nuestra riqueza. El país no necesita de cultivos transgénicos. Por el contrario, con estos cultivos lo único que Uruguay logrará es perder su imagen de "País Natural" y su soberanía alimentaria.

Red de Acción en plaguicidas (RAP-AL)
María Isabel Cárcamo