Frente de la sociedad civil da Grito de Independencia Genética: ¡No a la siembra de maíz transgénico!
Setiembre 2006

Organizaciones campesinas y sociales, científicos y ambientalistas dieron el Grito de Independencia genética de México rechazando la experimentación con maíz transgénico que buscan realizar empresas transnacionales en el país.

“Esta conferencia es una respuesta pública y colectiva a la consulta que está realizando el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica, organismo de Sagarpa), sobre las solicitudes que realizaron las empresas Monsanto, Dow y Dupont-Pioneer para realizar experiencias con maíz transgénico en México. Desde diferentes perspectivas y con una diversidad de argumentos que expresan desde los que día a día trabajan la milpa con sus manos hasta quienes conocen el tema desde sus laboratorios manifestamos que estas solicitudes son una amenaza a la cultura, la economía, el ambiente y la soberanía alimentaria, y no deben ser aprobadas” dijo Verónica Villa, del Grupo ETC. “No necesitamos ni queremos semillas patentadas que consolidan la dependencia con empresas trasnacionales y que contaminan y dañan nuestro maíz”.

Aunque se presentan como solicitudes de experimentación, las organizaciones entienden que de ser aprobadas, se daría un paso decisivo para permitir la futura liberación a campo abierto, lo que aumentará el riesgo de contaminación de las variedades de maíz nativo.

“El maíz es la base de nuestra vida, de nuestras culturas y economías, con el nacemos, crecemos y morimos. Por ser un cultivo de polinización abierta, el maíz transgénico necesariamente amenaza nuestras variedades tradicionales. La contaminación de nuestras semillas es un ataque al corazón de los pueblos indios” dijo Pedro Turuseachi, miembro de Contec (Consultoría Técnica Comunitaria), Sierra Tarahumara, Chihuahua

“Las campesinas y campesinos hemos creado miles de variedades de maíz distinto color, sabor, tamaño, que se adaptan a todos los campos de país, sean altos, llanos, secos, húmedos. Ha sido una creación de amor y cuidado, que alimentamos y nos alimenta, es el corazón de lo que nos han dado nuestros abuelos y la herencia principal que tenemos para nuestros hijos. Ahora todo esto está amenazado por la codicia de unas pocas empresas que se quieren apropiar de este tesoro para despojarnos de nuestras semillas”, agregó Elizabeth Paez, de las comunidades campesinas de la región Tuxtleca, Veracruz, miembro del Colectivo de Educación Integral de la Mujer (CEDIM).

En el 2001, las autoridades ambientales de México hallaron contaminación transgénica en variedades campesinas de Oaxaca y Puebla, probablemente debido a la entrada masiva de maíz transgénico en las importaciones que provienen de Estados Unidos, donde actualmente el 60% del maíz plantado es transgénico. Datos de una asociación científica de ese país demuestran que más del 90% de los acervos tradicionales de maíz tiene más del 1% de contaminación de grano transgénico.

Desde ese entonces, el gobierno no ha tomado medidas efectivas para parar las fuentes de contaminación. Por el contrario, ni siquiera han dado a conocer estudios realizados por la propia Sagarpa y Semarnat (2002), que mostraron que la contaminación está mucho más extendida en Puebla y Oaxaca, y que también existe en otros estados. Pero sí se publicó en el 2005 un estudio muy limitado y con muchas deficiencias, firmado por funcionarios de Instituto Nacional de Ecología y la Comisión Nacional para la Biodiversidad (Sol Ortiz et al) afirmando que no habían encontrado contaminación en una pequeña área de Oaxaca.

La experiencia de los que están en el campo, muestra otra realidad. “A través de la red ‘En Defensa del Maíz’, que agrupa a campesinos y organizaciones indígenas de todo el país, realizamos nuestros propios muestreos en el 2003 y 2005 y encontramos contaminación en nueve estados, al Norte, Sur y Centro del país. Cuando comenzamos a ver que en muchas milpas campesinas se presentaban deformaciones que nunca habían visto anteriormente, realizamos un muestreo de esas plantas y encontramos que el 11 por ciento están contaminadas”, reporta Ana de Ita del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, que mostró fotografías de las deformaciones encontradas. “Si además de permitir las importaciones de maíz transgénico se da luz verde a la experimentación, el resultado inevitable será aumentar la contaminación y darle impunidad a las empresas que hasta ahora no han tenido que dar cuentas del daño que han causado al maíz y a los campesinos”, agregó

Alberto Gómez de UNORCA y Vía Campesina aseveró que la entrada de transgénicos mina la soberanía alimentaria, entregando los campesinos a la dependencia de las multinacionales y las semillas patentadas “Diez empresas controlan actualmente la mitad de mercado mundial de semillas, y solamente seis la totalidad de los transgénicos. Si se siguen contaminando las semillas de maíz, nuestro principal cultivo, su intención es que no tengamos otra opción que comprarle a esas empresas. No lo vamos a permitir”

Las solicitudes de las trasnacionales refieren al Proyecto Maestro de Maíz (PPM), un proyecto elaborado por estas empresas en conjunto con algunos investigadores del Centro de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav), representantes de Sagarpa y otros investigadores invitados por estas instituciones. Este Proyecto, que pretende establecer marcos de bioseguridad para la experimentación con granos transgénicos en México, adolece de múltiples deficiencias.

Al respecto, Elena Alvarez-Buylla, del Laboratorio de Genética Molecular de la UNAM señaló que “ no existen razones técnicas o científicas que justifiquen las siembras experimentales a campo abierto de las líneas de las compañías semilleras y si implican riesgos importantes. Las líneas que se quieren probar ya están resultando obsoletas, incluso bajo las condiciones óptimas para su siembra en Estados Unidos en donde: no han aumentado los rendimientos de maíz, requieren de una mayor cantidad de agrotóxicos que líneas tradicionales en algunos casos y están generando la aparición de plagas resistentes a pesar de la estricta regulación de Estados Unidos.”

La investigadora agregó que “existen nuevas tendencias basadas en conocimiento biotecnológico para la agricultura, que no son transgénicas y podrían desarrollarse en México para el beneficio público. Estas dependen justamente de la variabilidad genética existente en las razas criollas y por tanto, es crucial evitar a toda costa la contaminación de estas razas criollas con transgenes que podrían evitar su uso en estos nuevos desarrollos. En particular, nos preocupa a sobre manera la posibilidad de contaminación de líneas de maíz que expresan sustancias tóxicas para el consumo humano o animal como fármacos y sustancias industriales, que de contaminar aún a niveles mínimos los acervos de grano, podrían tener efectos multiplicativos desastrosos a lo largo de la cadena alimentaria. Estos desarrollos deben impedirse a todos los niveles en el mundo entero. Por último, los protocolos para realizar las siembras experimentales adolecen de problemas técnicos graves que no han sido resueltos o que han sido atendidos de manera insatisfactoria.”

Antonio Serratos, actualmente investigador en El Colegio de México, integró la Comisión Nacional de Bioseguridad Agrícola, que después de numerosos análisis, llamó en 1998 a declarar una moratoria a la siembra de maíz transgénico en México, por los impactos potenciales que podría tener sobre los maíces nativos. “No ha habido cambios sustanciales en las condiciones que analizamos en ese momento, por lo que se debería reinstalar la moratoria. Con relación al tipo de experimentación que se plantea ahora, cuyo objetivo es el estudio de las medidas necesarias para la bioseguridad, ya existen conocimientos al respecto desde 1997. Por lo tanto las experiencias que se pretenden llevar a cabo no tienen que ver con la bioseguridad, pero sí con el inicio de un proceso para poder pasar a la fase de liberación comercial.”

Por otra parte, Gustavo Ampugnani de Greenpeace, agregó que la acción de la Senasica de volver a presentar estas solicitudes (ya se habían considerado a fines de 2005 y comienzos del 2006) es ilegal. “La Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (LBOGM) exige en su artículo 2º, que se debe establecer Régimen Especial de Protección del Maíz, lo cual no se ha hecho. Además, esta ley tampoco está reglamentada y no existe un Consejo Consultivo Científico de la Comisión de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados (Cibiogem), que según la ley debería emitir su parecer sobre este tipo de experiencias”. Ampugnani agregó que un régimen de este tipo “Por la importancia de lo que está en juego, debe ser un proceso abierto, transparente y participativo, donde realmente se tome en cuenta los conocimientos de los campesinos, sus creadores y quienes mejor conocen el maíz, y de científicos que sean independientes de las empresas”.

Alvarez-Buylla y Serratos, son dos de los muchos científicos mexicanos, que junto a organizaciones de la sociedad civil, firman el “Manifiesto por la protección del maíz mexicano”, en el cual plantean las condiciones imprescindibles para un auténtico régimen de bioseguridad en el país.

“Este es un esfuerzo conjunto de muchos científicos y organizaciones que ofrece propuestas concretas para la elaboración del Régimen Especial de Protección del Maíz, tal como lo exige la ley de bioseguridad. Esta iniciativa se suma a la enorme cantidad de acciones y propuestas que existen por todo el país, que desde las más diversas perspectivas coincidimos en el rechazo al maíz transgénico” dijo Cati Marielle del Grupo de Estudios Ambientales (GEA).

El Grito de Independencia genética no es sólo de rechazo, también revaloriza los conocimientos, la experiencia y la capacidad que existe en México para que el maíz siga siendo nuestro sustento, al mismo tiempo que cuidamos el ambiente y la diversidad y no caemos en la dependencia que significan las semillas patentadas de las empresas de transgénicos.

Convocantes:

CASIFOP, Centro de Análisis Social, Información y Formación Popular; CECCAM, Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano; CENAMI, Centro Nacional de Misiones Indígenas; CONTEC, Consultoría Técnica Comunitaria, Chihuahua; GEA, Grupo de Estudios Ambientales; Greenpeace México; Grupo ETC, Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración; ORAB, Organización de Agricultura Biológica, Oaxaca; SER Mixe, Servicios del Pueblo Mixe, Oaxaca; UNOSJO, Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez de Oaxaca; UNORCA, Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas

Con el apoyo de comunidades y organizaciones campesinas e indígenas de Jalisco, Veracruz, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Tabasco, Michoacán, Chihuahua, Puebla, Tlaxcala, Morelos e Hidalgo, participantes en la Red en Defensa del Maíz.

Por más información contactar a Verónica Villa (ETC), 55 63 26 64; Cecilia Navarro (Greenpeace), 55302165 ext 220, cel 04455 51629869; Ana de Ita (Ceccam) 56611925