8 de marzo. Día Internacional de la Mujer

El trabajo doméstico también es trabajo

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la fecha nos recuerda que en defensa de los derechos laborales muchas mujeres entregaron las vidas. Sabemos que el trabajo es producción y también es reproducción. Cuando una persona sostiene su vida y la de otros está haciendo un aporte a la sociedad que fuera del ámbito familiar tiene un valor económico. Por eso se pagan los cuidados que una niñera, enfermera, cocinera, limpiadora, gestora, acompañante y otras muchas tareas relacionadas con el sostén de la vida. Estas mismas tareas cuando están en el ámbito familiar se hacen “de onda”, porque si una mamá no cocina “de onda” la supervivencia de la familia está en riesgo ya que resulta insostenible desde el punto de vista económico y de la salud. Y también porque antes y ahora también se educaba y educa a las mujeres para cumplir bien el rol de trabajadoras domésticas sin paga y la satisfacción de dar calidad de vida a los seres cercanos alimenta ese rol. Pero mamá, tía abuela, hermana, prima, compañera, esposa, no reciben un peso por cocinar, acompañar, limpiar, cuidar y el tiempo material que disponen para esas tareas lo quitan desu formación, sus horas de sueño, su recreación. Donan sus vidas por amor , por costumbre, porque es natural, porque no hay otra. Así se empobrecen: las mujeres hacen dos tercios del trabajo mundial, reciben el 5% de las ganancias y son propietarias del 1% de los bienes (OIT 1980), se agotan y se limitan ya que todo ese tiempo de trabajo que nadie paga y muchas veces nadie reconoce atenta contra la posibilidad de estudiar, recrearse, realizar actividades políticas.

Trabajo nos sobra, lo que falta es dinero

El aporte que las mujeres hacen a la sociedad es tan enorme, que su consideración cambiaría drásticamente las cifras del PBI de los países, y alteraría significativamente la percepción que tenemos sobre la carga total del trabajo social. Esas tareas son protectoras de la sociedad de muchas maneras y podemos notar en la vida cotidiana su importancia cuando nos faltan los cuidados básicos o cuando se nos vuelve imposible pagarlos.

Cuando una mujer va a la feria, donde elige y compra los alimentos para su familia, llega a su casa y los prepara, cuidando de limpiarlos bien o mejor aún, pelarlos bien para que no lleven sus cargas de veneno al plato de los comensales está haciendo en esos gestos un acto de amor pero también está haciendo a la sociedad un aporte que es cuantificable en horas de trabajo y está haciendo un aporte a la salud de la población que evita en muchos casos enfermedades que tienen para la sociedad un costo (obesidad, hipertensión, etc.)

Cuando un niño va a la escuela y su merienda consiste en un paquete de papas chips, la sociedad está pagando en dinero constante y sonante y un costo invisible (la hipertensión del niño, su obesidad, la contaminación que produce el envoltorio que contiene alumninio y una larga lista de etcéteras). La desvalorización y la invisibilización de la tarea doméstica y protectora de las mujeres sumado a su masiva entrada al mundo laboral trae consecuencias a la larga y a la corta y contribuye a engrosar los factores que hacen a la crisis de las familias.

Pronto no habrá Pochas

Todas necesitamos dinero, queremos participar de la riqueza material y cultural que la sociedad ha producido. Alguien nos está ayudando a sustentarnos cotidianamente con su trabajo invisible. Pero esa misma persona necesitará bienes y servicios y deberá pagar por ellos. La desvalorización y la invisibilidad del trabajo doméstico atentan directamente contra la dedicación de las mujeres al cuidado de todos. Los ritmos de vida que impone este capitalismo tardío, y los estereotipos femeninos que lo acompañan como modelos propuestos desvalorizan e invisibilizan las tareas domésticas, atentando contra la propia realización de ellas. Esto contribuye a la popularización de los alimentos industrializados a escalas desconocidas hasta ahora, con la consiguiente pérdida en la calidad de la alimentación.

Si se reconociera la tarea doméstica como lo que es: un trabajo que alguien realiza estaríamos encaminándonos en el sentido elemental de justicia y contribuyendo a la protección social.

La pobreza es mujer y madre

Los pilares del bienestar social han sido históricamente el estado, las familias y el mercado. Hay que redefinir algunos roles para que la carga se reparta de forma mas justa, y la protección social mas amplia. Algunas experiencias recientes han reconocido de alguna manera esto al dar en el caso de Chile y el de Argentina, una jubilación a las amas de casa, lo que ha hecho que muchas mujeres conquistaran una relativa independencia económica al llegar a la tercera edad. Otra buena es el debate sobre Renta Básica Universal, que se viene procesando en estos días, en Uruguay y otros países de la región (La Diaria 4 de marzo 2010) . Debemos dar seguimiento a las iniciativas que van en esta dirección, como el Sistema Nacional de Cuidados (Brecha 5 de Marzo 2010) y buscar avanzar en las políticas orientadas a la redistribución.

Es lo menos que nos merecemos después de haber dedicado vidas enteras a cuidar a los otros y a las otras.

Soledad Cavada
Docente