Transgénicos en Uruguay. La hora de la
verdad
Por
Virginia Matos - Semanario Brecha, 2 de noviembre de 2007
Uruguay se
apresta en breve a definir por ley si seguirá usando organismos
transgénicos en la producción local. Si bien la decisión
del oficialismo en este tema todavía no es clara, durante los
trabajos de preparación del marco normativo, varios asistentes
técnicos elaboraron documentos que advierten sobre los perjuicios
que generan los maíces y la soja transgénicos.
En enero de 2007
el Poder Ejecutivo decretó la suspensión (moratoria) de
nuevas aprobaciones de cultivos genéticamente modificados (OGM)
o transgénicos por un año y medio para permitir así
un proceso de análisis y discusión que concluiría
con la redacción de un proyecto de ley que regule su uso o lo
prohíba, a más tardar a partir de enero de 2008.
La decisión
asume el compromiso internacional de Uruguay cuando en 2001 adhirió
al Protocolo de Cartagena, un acuerdo de las partes de la Convención
sobre Diversidad Biológica que busca contribuir a asegurar un
nivel adecuado de protección en el uso de OGM considerando los
riesgos para la salud y el ambiente.
El Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Fondo para el Medio
Ambiente Mundial (GEF) financian la elaboración de marcos regulatorios
nacionales en más de cien países adherentes, entre los
cuales está Uruguay.
La transgénesis
es una técnica revolucionaria de la ingeniería genética.
Sus aplicaciones en la agricultura permiten introducir en una semilla
parte del código genético de organismos no relacionados,
como bacterias y virus, para dotarla de características como
la resistencia a herbicidas o a plagas, con el objetivo de mejorar la
producción.
Mientras las multinacionales
que los fabrican los promocionan como una panacea que acabará
con el hambre en el planeta, un sector de la academia y de la ciencia
los cuestiona fuertemente. El profesor de agroecología de la
Universidad de Berkeley (California) Miguel Altieri advierte sobre "la
ruptura de los límites de los reinos, lo cual trasciende las
barreras biológicas que la naturaleza ha impuesto y se combinan
bacterias con plantas, ranas con uvas, lo que plantea una serie de preguntas
éticas y también una gran interrogante frente a cuáles
son las consecuencias de intervenir en la naturaleza más allá
del plan natural que existe".*
Tampoco en Uruguay
los vaticinios han sido muy positivos. De hecho, en 2003, el entonces
senador y hoy vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa, afirmaba: "El
uso del cultivo transgénico en nuestro país va a agudizar
las adversidades para los pequeños y medianos productores, va
a profundizar el proceso de concentración en la tenencia de la
tierra ya que es una tecnología que requiere escala - que es
lo que está pasando en Argentina, va a generar una dependencia
mayor con las trasnacionales y nos hará perder un sitial donde
la calidad nos caracteriza, con lo cual limitaremos nuestra actividad
comercial".
Y algunas advertencias
ya se cumplieron: la fuerte expansión que ha experimentado la
soja transgénica en Uruguay tiene como protagonistas a empresarios
argentinos que, favorecidos por los menores precios de la tierra y las
facilidades para la exportación del grano (en Argentina -a diferencia
de Uruguay- está gravada), han desplazado a pequeños y
medianos productores uruguayos que se dedicaban a otros cultivos o a
la ganadería. Durante una jornada de reflexión sobre la
expansión agrícola organizada por las Cooperativas Agrarias
Federadas (CAF) en junio pasado, el docente de la Facultad de Agronomía
Pedro Arbeletche remarcó que la concentración de la producción
en la nueva agricultura uruguaya provocó entre 2000 y 2006 una
caída del 36 por ciento en el número de agricultores (El
Observador, 15-VI-07). Por otra parte, recientemente la Sociedad de
Productores de Leche de Florida expresó su preocupación
por el avance de la soja en detrimento de la ganadería.
Las causas de este
avance imparable tienen que ver con la política que desarrolla
la multinacional Monsanto desde principios de los noventa, cuando introdujo
en el mercado sudamericano una variedad de semilla de soja modificada
genéticamente para hacerla resistente a un herbicida, con lo
que el costo de su producción se reduce y da buenas ganancias
con escaso personal, poca maquinaria y combustible. La expansión
está estimulada por los altos precios internacionales y la demanda
de varios países, especialmente China, el mayor importador de
soja y sus derivados.
Asimismo, la irrupción
de los biocombustibles en el mercado mundial ha aumentado la demanda
y promete seguir haciéndolo.
MAÍZ
Y PLAGAS CRIOLLAS
A través
del proyecto Desarrollo del Marco Nacional de Bioseguridad, el Ministerio
de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA) creó
un ámbito de discusión para redactar la normativa. Documentos
elaborados por los asistentes técnicos del proyecto, Fernanda
Pardo y Gonzalo Martínez, refieren a los efectos ambientales
que los maíces y la soja transgénicos están provocando
o podrían provocar en Uruguay.
El trabajo "Maíz
Bt en Uruguay: elementos para una evaluación de riesgos ambientales",
de julio de 2006, parte de la idea de que es necesario determinar a
través de medidas de gestión "la posibilidad real
de coexistencia" entre un sistema de producción con OGM
y otro sin ellos. Pero, según el informe: "Dicha posibilidad
ha sido puesta en tela de juicio en los últimos años por
parte de la comunidad científica con miradas ciertamente críticas".
Durante el gobierno
de Jorge Batlle se autorizaron en Uruguay dos maíces transgénicos
(Mon 810 y Bt 11) fabricados por las multinacionales Monsanto y Syngenta
respectivamente. Contienen una bacteria (Bt) que libera una toxina mortal
para las plagas maiceras. Entre
30 y 40 por ciento de los maíces que se plantan en Uruguay son
Bt.
El documento concluye
que "existe suficiente evidencia para considerar que los eventos
Mon 810 y Bt 11 no son los adecuados para nuestra matriz de plagas.
Si el país optara por el uso de OGM en maíz deberían
testearse otras toxinas con mayor especificidad para los lepidópteros
(insectos) que provocan mayor daño económico". Cuando
se autorizó el Mon 810 en 2003, técnicos de la Facultad
de Agronomía se pronunciaron en igual sentido. Este maíz
fue creado para atacar a plagas del hemisferio norte.
Ambos investigadores
indican que "el análisis de riesgos no ha sido conducido
correctamente en ninguno de los procesos de aprobación de maíz
transgénico", y que la introducción debería
haberse postergado "hasta tanto no se tuvieran datos de la toxicidad
de los eventos del maíz sobre las especies propuestas como blanco
(plagas destinatarias)".
Los peligros que
conlleva este maíz son el de la contaminación genética,
es decir la transformación de cultivos convencionales en transgénicos
por la migración de polen (ya hay casos en México y Estados
Unidos), el impacto no intencional de estos cultivos sobre organismos
que no atacan al maíz, y la aparición de resistencia de
las plagas a la toxina contenida en la semilla. Para plantearse la coexistencia,
subraya el informe, es necesario determinar el riesgo de flujo genético
desde las plantas transgénicas a variedades no Bt y establecer
formas de minimizar la contaminación. Además se citan
estudios científicos que reportan algún tipo de daño
provocado por la toxina en poblaciones de insectos que no son los destinatarios,
así como en algunos depredadores y microorganismos que habitan
el suelo, provocando su disminución.
Y se advierte que
"desafortunadamente el aumento de las áreas cultivadas con
Bt a nivel mundial convierte al desarrollo de resistencia en una mera
cuestión de tiempo". La resistencia se adquiere evolutivamente
como respuesta a la presión selectiva provocada por la exposición
constante a la toxina.
¿Y
LOS SUELOS?
La soja transgénica
resistente al herbicida glifosato es el principal cultivo en expansión
territorial a escala mundial y nacional. El área cultivada en
el país pasó de 18 mil hectáreas en 2001 a más
de 400 mil en el presente, y se ha extendido a todos los departamentos
(salvo Montevideo). El incremento del área sojera correspondiente
a 2005-06 es el más alto de los últimos diez años
y se localiza fundamentalmente en la zona agrícola tradicional
del litoral oeste del país (MGAP-DIEA, 2006).
El documento "Soja
transgénica en el Uruguay. Caracterización del cultivo
y elementos para una evaluación de riesgos ambientales",
de setiembre de 2006, también de Pardo y Martínez, sostiene
que el cultivo de esta soja fue autorizado en nuestro país sin
que mediaran "estudios socioeconómicos del impacto (...)
en comparación con la soja convencional que justifiquen la adopción
del mismo". Y advierten que el incremento de la superficie cultivada
desde 1996 "que desplazó por completo a la soja convencional
y otros sistemas productivos" ya generó en otros países
(Argentina, Brasil, Chile, Australia y Estados Unidos) la transformación
del paisaje rural y la aparición de malezas resistentes al glifosato.
Esta soja provocó
el pasaje del tradicional sistema de producción basado en rotaciones
de cultivos y pasturas hacia uno basado en secuencias de cultivo continuo
de soja bajo siembra directa (técnica en la que no se prepara
el suelo), lo que, según el documento, "puede comprometer
seriamente la sostenibilidad del recurso suelo". Estudios realizados
en nuestro país demuestran que en el sistema de soja continua
se obtienen estimaciones de erosión (degradación de suelos)
mayores a las tolerables.**
A raíz de
"la preocupación existente", la encuesta agrícola
de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del
MGAP "Primavera 2006", realizada a productores a fines de
2006, ncorporó el tema de la erosión. Los resultados indican
que casi el 26 por ciento de los productores (que manejan más
del 50 por ciento del área destinada a chacra) están afectados
por algún grado de erosión, y los afectados atribuyen
el problema en primer lugar a las adversidades climáticas y en
segundo término a la importancia creciente que ha registrado
la soja en el patrón de cultivos.
Pardo y Martínez
afirman que, contrariamente a lo que se promociona desde las multinacionales,
los transgénicos requieren mayor cantidad de agrotóxicos
que los cultivos convencionales. En Uruguay el glifosato es el herbicida
más usado (40 por ciento del total).
DEL COMITÉ
A LA COMISIÓN
Con la participación
de más de 30 instituciones y organizaciones públicas y
privadas vinculadas al tema convocadas por el MVOTMA en el marco del
proyecto Desarrollo del Marco Nacional de Bioseguridad, funcionó
un comité durante el año pasado cuyo cometido fue realizar
un análisis del estado de situación de los transgénicos
en Uruguay y elaborar un proyecto de ley sobre el tema. Se trabajó
en aspectos ambientales, socioeconómicos, sanitarios, administrativos,
industriales y relativos a la investigación. Aunque se estipuló
que se considerarían dos escenarios posibles "país
libre de OGM y coexistencia entre OGM y no OGM", varios grupos
de trabajo no consideraron la primera alternativa. Se argumentó
que era una opción impensable dado el desarrollo alcanzado en
la aplicación de los transgénicos, y que abstenerse de
su utilización podría implicar al país mayores
dificultades que beneficios, así como la detención de
muchas investigaciones.
Desencuentros mediante
(en julio de 2006, organizaciones ambientalistas se retiraron por discrepancias
con el coordinador del proyecto, Marcos Frommel), este comité
culminó su tarea en diciembre de 2006 y dio paso a la creación
(vía decreto del Poder Ejecutivo) de una comisión interministerial?integrada
por representantes de Economía, Ganadería, Salud Pública
y Medio Ambiente? que quedó encargada de elaborar el proyecto
de ley. El decreto estipula que a los seis meses de publicado (en julio)
la comisión debía presentar a los ministros un avance
del proyecto y sus conclusiones sobre los riesgos y beneficios del uso
de la tecnología transgénica.
Enzo Benech, presidente
del Instituto Nacional de Semillas (INASE) y representante del MGAP
en el grupo interministerial, dijo a Brecha que semanas atrás
se envió el avance a los ministros proponiéndose la adopción
de una opción país (con OGM o sin OGM), sugerencia que
aún se mantiene en reserva.
En los próximos
días se reunirán los ministros de Medio Ambiente y de
Ganadería, Mariano Arana y José Mujica, para perfilar
una decisión.
A pesar de la reserva,
el ministro Mujica*** da algunas pistas: "este ministro está
convencido de que esa doncella (los transgénicos) vino para no
irse más. La época en que hemos entrado significa que
el hombre aprendió a toquetear la vida. Como todo toqueteo inicial
tiene riesgos de carácter pavoroso y tenemos que ser conscientes
de que podemos actuar de aprendices de brujo. Esto no invalida la transgénesis.
No podemos recular, esto es parte del arsenal instrumental de la humanidad
del futuro".
TRANSGÉNICOS,
SALUD Y COMERCIO (recuadro)
EL INFORME DE la
Organización Mundial de la Salud (OMS) " Biotecnología
moderna de los alimentos, salud y desarrollo humano. Estudio basado
en evidencias", de 2005, reconoce que los OGM ofrecen un potencial
aumento de la productividad agrícola. Pero advierte que también
pueden acarrear potenciales riesgos para la salud. "Muchos de los
genes y rasgos usados en los OGM agrícolas no se encontraban
anteriormente en el suministro de alimentos y no se conocen antecedentes
de uso alimentario inocuo (?) se necesita un mejor entendimiento de
la interacción del sistema inmune y los alimentos para descifrar
si determinados alimentos transgénicos pueden tener impactos
sobre el sistema inmune aparte de la alergenicidad."
En cuanto a los
aspectos comerciales, un trabajo que la Red de ONG Ambientalistas envió
a la comisión interministerial señala que "un estudio
reciente publicado en Hospitality Management muestra que más
del 70 por ciento de los entrevistados en 15 países europeos
tenderá a no consumir productos con una etiqueta que informe
sobre la presencia de OGM (O'Fallon et al, 2007). Estudios sociológicos
muestran que la nueva demanda por productos etiquetados proviene de
la desconfianza existente hacia las agencias reguladoras y las autoridades
científicas a cargo de controlar los riesgos (Sand, 2006). En
2006 se produjo la contaminación a escala mundial con una variedad
de arroz experimental de Bayer que no estaba autorizada para consumo
humano. Numerosos mercados continúan cerrados al arroz de Estados
Unidos y en dicho país se han entablado millonarias demandas
entre los cultivadores y la empresa".
La Red cita un estudio
realizado con entrevistas a importadores y distribuidores de comida
en Europa (Knight et al, 2005) que muestra que el consumidor europeo
rechaza firmemente cualquier trazo de transgénicos en su alimento
de carne o leche, y el importador y distribuidor lo sabe y toma en cuenta.
Y destaca que el comisario europeo de Salud aseguró hace unas
semanas que se revisará el etiquetado de carne derivada de animales
alimentados con transgénicos, algo que hasta el momento no se
aplicaba a productos cárnicos. Un cambio que podría generar
problemas para la exportación nacional.
* "Agroecología:
una realidad alternativa a la agricultura industrial y transgénica",
artículo publicado en Los transgénicos en la agricultura
y la alimentación, Departamento de Ciencias Sociales, Facultad
de Agronomía, Montevideo, Uruguay, 2002.
** Estimación
del impacto de la soja sobre erosión y carbono orgánico
en suelos agrícolas del Uruguay, de Carlos Clérici, Walter
Baethgen, Fernando García Préchac y Mariana Hill, Facultad
de Agronomía, UDELAR.
*** El País
Agropecuario, octubre de 2006.